<< Dic 2019 >>
dlmmjvs
1 2 3 4 5 6 7
8 9 10 11 12 13 14
15 16 17 18 19 20 21
22 23 24 25 26 27 28
29 30 31 1 2 3 4




Walter Malosetti – Tri

Walter Malosetti – Tri

Velma Cafè – Gorriti 5520 – Palermo Hollywood

«WALTER MALOSETTI TRIO»

El guitarrista fue elegido Figura del Jazz en los Premios Clarín Espectáculos 2005. A los 74 años, repasa sus orígenes, reconoce sus influencias, habla de cómo hizo escuela y explica el actual boom del jazz.
No imaginaba, Walter Malosetti, que un buen día iba a convertirse en un referente del jazz. No lo imaginaba cuando

su padre ferroviario le regaló, en 1948, su primera guitarra, ni cuando su madre le acortaba los pantalones heredados para que el adolescente de 13 años fuera a los bailes a escuchar a su ídolo, Oscar Alemán. Ni tampoco cuando su hermano Pedro, guitarrista y luthier, lo hacía acompañarlo, rasgueando acordes de folclore.
A los 74 años (nació el 3 de junio de 1931), el hombre tiene bien ganado su lugar: una película cuenta su vida, Solo de guitarra (Daniel Gagliano, 2004), y no hay casi músico de jazz en la Argentina que no esté asociado de alguna manera a él, ya sea por haber sido alumno de su escuela, o por haber compartido escenario o la grabación de algunos de sus discos.
La estatuilla de Figura del Jazz 2005 que le otorgó Clarín preside su sector de premios: una mesita en un rincón de su departamento de dos ambientes, donde, en un desorden de, como dice, «caballero», vive solo, rodeado de guitarras y collages de fotos familiares: allí están sus hijos Laura, que vive en España, Javier, contrabajista de jazz, sus nietos, su mujer, ya fallecida, Graciela, y también su actual pareja, Sara, 62 años, además de las imágenes que registran su reciente visita a los Estados Unidos.
El Premio Clarín Espectáculos convive con un león de bronce del Club de Leones de Palomar, la localidad donde este cordobés pasó su adolescencia, así como un diploma que le otorgaron sus ex compañeros de primaria de la escuela de San Patricio (una estación cercana a Chacabuco), en un homenaje donde «me costaba no llorar».
Y no podía faltar, en la biblioteca de un jazzero que se precie de tal, un ejemplar de El perseguidor, el cuento de Julio Cortázar sobre Charlie Parker. Junto a él, Jazz al Sur. Historia de la música negra en la Argentina, de Sergio Pujol (2004). En una de las páginas marcadas se lee: «En Swing 39, el violín de (Héctor) López Furst empalmó perfectamente con la guitarra de Walter Malosetti, que en esta historia vendría a ser algo así como el heredero de Oscar Alemán. Pero…. Malosetti se estableció enseguida como un guitarrista instrumental amplio… un músico elegante y de muchos matices, capaz de salir a escena con un sonido pequeño y a los pocos minutos tener a todos pendientes de su guitarra apenas eléctrica.»
Malosetti es, además, un hombre de conceptos: «En música no hay que robar, siempre hay que dejar influenciarse —dice—. Yo he tenido gran influencia de Django Reinhardt, de Oscar Alemán, y de músicos más modernos».
¿Qué otros músicos lo influenciaron?
Yo me estanqué —aunque no lo considero

estancamiento, sino aprovechar para perfeccionarme—, por los años 50/60. Hay una camada de guitarristas como Wes Montgomery, Jim Hall, Barney Kessell… Ellos llevaron al máximo la guitarra del jazz. Y el que incorporó el equipo eléctrico: Charlie Christian, el creador del jazz moderno en la guitarra. Pero el que me enamoró no es un virtuoso del instrumento: Jim Hall.
Jim Hall le compuso un tema: «Blues para Walter».
Sí, fue un ejercicio que yo le pedí. Fue por los años 50. Yo tocaba con Baby López Furst en un boliche que se llamaba Jamaica. Jim Hall vino con un contrato… y le gustó una chica del bar.
Era un bar de copas.
Sí, en la zona del puerto. Imaginate la ingenuidad que teníamos en esa época que yo tardé una semana en darme cuenta de que eran coperas. Cuando las veía repetidas, decía: ‘a esa chica la vi ayer’. Y Jim Hall se enganchó con una rubia fea. Cuando terminaba de tocar donde estaba contratado se venía corriendo a tocar con Baby y conmigo. Un día le pedí un ejercicio, porque yo estaba en las nubes con respecto al conocimiento del jazz, no había libros, no había nada. Muchos años después él vino y tocó con Baby y con Javier en bajo. Yo había grabado el blues de él en un disco de Melopea —All of me (Todo de mí)—, y se lo regalé. Ese blues no es un clásico tipo Pappo (sin desmerecer, porque Pappo era un genio), pero tenía una melodía compleja.
¿Cómo surgió su interés por el jazz? ¿En su casa qué se escuchaba?
A mi papá le gustaba la música folclórica, las vidalitas, zambas. El tocaba un poquito, esbozaba un valsesito que nunca terminó. Y mi hermano mayor, Pedro, que después fue luthier, sí tocaba muy bien. Y me tenía de acompañante. Yo empecé con el jazz y ahí empe zaron las tensiones, pero tensiones buenas. De los cinco hermanos, cuatro varones y una mujer, éramos los más compinches. Cuando hacía una guitarra nueva venía corriendo a mi casa para que yo la viera.

Entonces Malosetti se levanta, busca una guitarra hecha por su hermano Pedro y rasguea unos acordes folclóricos. Antes ha estado gastando las cuerdas de la guitarra que le regaló su padre en el 48, y luego muestra orgulloso su Gibson del 75.

2007



CancioneroLa KríticaMusicales BairesDr. Máximo Sacón – AbogadosAnything Goes Buenos Aires